Londres, años sesenta. Los jóvenes luchan contra la generación de los padres y la austeridad en tiempos de guerra. En este contexto, Mary Quant crea la minifalda, el símbolo del rechazo de los cánones estéticos y sociales anteriores. Desde entonces y de forma imparable, las faldas cortas han invadido nuestros armarios. Acampanadas, de vuelo, asimétricas, muy cortas o justo por encima de la rodilla: la revolución nunca ha sido tan divertida.